Sábado 24 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

Lluvia de piedras en Washington Heights

Quizá se trata de una guerra declarada de los republicanos contra los demócratas en el alto Manhattan. La investigación al congresista demócrata por Nueva York Charles Rangel, por presunta violación al código de ética del servidor público, se ha convertido en una lluvia de piedras para Alianza Dominicana. Y lo peor es que el vendaval podría extenderse mucho más de lo que se pueda pensar.

Rangel es señalado ahora por presunto favoritismo con Alianza Dominicana a través de Moisés Pérez, que se vio obligado a renunciar a su cargo de director ejecutivo de la organización en medio de indagatorias que también lo cuestionan por supuesta falta de ética.

La preocupación de muchos no es para menos. Aquí estamos hablando de eslabones que dejan mal parado el liderazgo de Washington Heights. La investigación ha llegado incluso hasta una villa turística en Punta Cana, República Dominicana, propiedad del abogado multimillonario Theodore Kheel, y donde Rangel habría hecho inversiones y obtenido ganancias supuestamente no reportadas que lo pusieron en la mira del Servicio de Rentas Internas de Estados Unidos.

Pero ¿qué tiene que ver la sociedad entre Rangel y Kheel con la ONG Alianza Dominicana? La relación del triángulo está contenida en la “generosidad financiera” de los dos primeros y en el apoyo de directivos de Alianza a las campañas políticas del congresista, considerado el padrino en la consecución de fondos públicos para esa organización sin fines de lucro.

Y ahí está quizás el error que ha dado base a cuestionamientos de falta de ética y propagado las especulaciones de mal manejo de fondos al interior de Alianza.

Todavía dudo que el rumor de malversación de fondos tenga fundamento, pues reitero mi confianza en la buena fe de Moisés y la afortunada realización de su sueño de levantar en Washington Heights una organización holística que atendiera todos los problemas sociales que afectan a miles de familias dominicanas en el alto Manhattan.

De hecho, si aceptamos la definición del ensayista y filósofo español José Ortega y Gasset, en cuanto a que una generación abarca sólo una década, Alianza Dominicana ha servido ya a más de dos generaciones de dominicanos desde su fundación en 1985. Existen incluso jóvenes profesionales que deben la orientación y el impulso de sus carreras a la estupenda labor de los programas sociales de Alianza.

Sin embargo, Alianza se tambalea hoy por el error de su plana mayor al congraciarse demasiado con las manos dadivosas que garantizaban gran parte del funcionamiento de la institución, cuyo crecimiento ha sido indudablemente vertiginoso y un hecho sin precedentes en la historia de la diáspora dominicana.

Entre los errores más cuestionables figuran contribuciones económicas de Moisés y del doctor Rafael Lantigua, presidente de la Junta de Directores de Alianza, a campañas políticas de Rangel. Pero fueron donaciones personales que no pasaron de los 1,000 dólares y que no involucran directamente a la organización, pues uno tiene la libertad de hacer con su dinero lo que le plazca.

La crisis se agudizó el 9 de agosto, cuando el Centro Nacional de Regulaciones Políticas (The National Legal and Policy Center) solicitó mediante una carta dirigida al Comité de Conducta que investiga a Rangel en Washington, que se incluya en las indagatorias la estrecha relación del congresista con Alianza Dominicana.

Por el momento todo parece indicar que la diana de los peritos es el congresista Charles Rangel, no Alianza, ni Moisés Pérez. Algo positivo saldrá de todo esto, estoy seguro; porque la comunidad dominicana no puede darse el lujo de perder a Alianza; sería devastador, sería un retroceso imperdonable.

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