Miercoles 28 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

Tomémosle la palabra

El terremoto de más de siete grados en la escala Richter, que sacudió al más que empobrecido pueblo haitiano, ha tenido la fuerza suficiente para despertar a las grandes potencias internacionales que, obstinadamente en el caso haitiano, dormían un sueño y no el de los justos precisamente.

Este sismo les obligó a abrir los ojos de par en par para que se percataran de cómo la desidia internacional ha sido parte de la causa de que esta nación viva en una miseria y un abandono sin precedentes en pleno siglo veintiuno. Solamente la República Dominicana, no solo lo veía, sino que mantenía y mantiene sus brazos abiertos para estrechar fraternalmente a un pueblo lleno de necesidades, no solo en este momentos sino desde hace muchos, muchos años.

Esa solidaridad del pueblo dominicano no va a menguar, por el contrario, tiende a subir cada día más. Pero ya es más que evidente para el resto del mundo, que nosotros, aunque hubiera sido nuestros deseos, no lo podemos seguir haciendo solos. Necesitamos que cada país en capacidad de hacerlo aporte parte de la solución de acuerdo con sus recursos.

El gobierno de Senegal es el único, hasta ahora, que ha propuesto una solución a largo plazo, no coyuntural.. Ofreció darle toda una región en el territorio Senegalés en África, a los haitianos que así lo soliciten.

La comunidad internacional, tiene que tomarle la palabra al presidente Abdoulaye Wade y hacer otro tanto. Los Estados Unidos, Canadá, la Comunidad Europea y el resto de los países africanos, principalmente, deben aumentar la cuota de ciudadanos haitianos que puedan ingresar a sus respectivos países y en la medida de lo posible, asentarlos en terrenos baldíos que tengan vocación agrícola y proporcionarle toda la ayuda necesaria.

Francia, particularmente, pudiera ofrecerle a este destrozado pueblo, una zona similar al total del territorio haitiano en su Colonia de la Guyana Francesa en el norte de América del sur. Esta posesión Gala, tiene una extensión de 83,534 km, la cual es mayor que el total de toda la isla de La Española, pero con una exigua población de poco más de doscientos mil habitantes, muchos de ellos haitianos.

La población de la República de Haití y la República Dominicana combinada, es de alrededor de 20 millones de personas en un territorio de 76,192 kilómetros cuadrados, de los cuales un tercio, la parte donde está enclavado Haití, es de tierra casi desértica. Contrario a lo que sucede en la Guyana Francesa donde solo el cinco por ciento de la misma esta habitada, el 95% restante es zona boscosa, zona virgen y muy apta para la agricultura.

A la República Dominicana le ha sido cuesta arriba llevar la carga nuestra y encima de este peso hemos tenido que soportar también la de los haitianos. Nos hemos quejado internacionalmente en innúmeras ocasiones, pero nunca hemos dejado de cargarla. Por el contrario, cada día se nos hace más pesada pues esta no ha dejado de crecer.

Nosotros, como ciudadanos dominicanos, lo que estamos pidiendo en esta ocasión es que nos ayuden a aligerar esta perenne tara. Es la única manera de que ambos pueblos puedan subir la empinada colina del desarrollo. Pues si seguimos empujando cuesta arriba esta piedra tan pesada, corremos el riesgo de que ésta se devuelva y nos aplaste a los dos.

No es mucho lo que estamos pidiendo. En realidad solo estamos solicitando que nos devuelvan una ínfima parte y sin intereses, de las enormes riquezas que sus ancestros se llevaron de esta mismísima isla.



Carlos McCoy

Enero/2010

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