Miercoles 24 de Mayo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Son rumores

Despotismo municipal en Santo Domingo

Por Luis José Chávez

De nuevo el síndico capitaleño, Roberto Esmérito Salcedo Gavilan, ha vuelto a tomar medidas que afectan a los ciudadanos sin tomarse la molestia de consultar a nadie, en una actitud que ha sido recurrente en todo el ejercicio de su gestión.

Esta vez les ha tocado a los comerciantes del recién inaugurado “Barrio Chino” de la avenida Duarte, donde el Ayuntamiento prohibió la circulación y el estacionamiento de vehículos, saboteando el fruto de un esfuerzo compartido entre el ADN, la Secretaría de Obras Públicas y la comunidad china.

La crítica situación ha provocado que 45 comerciantes que operan en la zona hayan amenazado con cerrar sus negocios, ya que las ventas han disminuido en un 90 por ciento, según los afectados.

La decisión de Salcedo se inscribe en un estilo despótico de gestión, caracterizado por el desprecio absoluto a la opinión ciudadana, en contra del principio universalmente aceptado de que en un régimen democrático el ayuntamiento es la instancia del Estado más directamente vinculada a la comunidad.

Ya el síndico había procedido igual cuando cambió el escudo heráldico de la ciudad de Santo Domingo, sin tomar en cuenta el parecer de los historiadores, cuando embistió el negocio de la publicidad exterior, y cuando convirtió El Malecón en un paseo peatonal, sin considerar el punto de vista de los comerciantes del área.

Con esta última medida, que en algún momento generó cierto entusiasmo, sobre todo cuando se hacían espectáculos artísticos, el síndico logró sacar a la gente del malecón de Santo Domingo y convertirlo en un lugar sin vida cada domingo.

Esa actuación de espalda a la gente fue la misma que asumió Salcedo cuando intentó infructuosamente eliminar la plaza Omar Torrijos para construir un helipuerto. O cuando decidió sustituir los árboles de la ciudad, muchos de ellos sembrados por los vecinos, sin difundir siquiera una nota de prensa para explicar el propósito.

La misma actitud de oídos sordos frente a los reclamos públicos para que evitara la tragedia que recientemente provocó la muerte de todos los integrantes de una familia en Guachupita, o cuando dispone la construcción de un mercado en un sector de clase media del Ensanche La Fe.

Esta conducta despótica parece partir de su convicción de que la ciudad es un patrimonio privado que puede manejar a su antojo, sin consultar a nadie ni rendir cuenta. ¿Hasta cuando?

El autor es periodista y politólogo
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